<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-1876723775274139624</atom:id><lastBuildDate>Sat, 19 Dec 2009 03:13:34 +0000</lastBuildDate><title>Lecturas libres</title><description>Un blog de literatura libre.
Relatos cortos en constante modificación.</description><link>http://codexliber.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Moloboo)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1876723775274139624.post-8722427751593794874</guid><pubDate>Fri, 14 Mar 2008 23:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-08T14:56:50.186-08:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Grasa</category><title>Grasa [actualizado 08-12-08]</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;-Viernes-&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La bola de grasa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Todo empezó un viernes. Un caluroso viernes de abril.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mañanas de los viernes en un piso de estudiante en Murcia son muy duras, os lo puedo asegurar. Normalmente, a la sustancia pegajosa que cubre el suelo de toda la casa ,se le une la resaca de una noche de juerga además de la premura por "limpiar" lo que se pueda. Llenar los macutos de ropa sucia y tupperware usados para perder el tren o autobús a tu pueblo son otras de las tradiciones.&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Bueno, como decía, todo empezó un viernes. Un día soleado de abril en el que nuestro barrio de adopción, Vistalegre, amanecía contento y ruidoso como siempre, con sus pisos de estudiantes cerrados y silenciosos tras un jueves de borracheras y botellones.&lt;br /&gt;Nuestro piso estaba en una de las calles del barrio menos transitadas, era sombría y sucia, pero era nuestra calle y le teníamos un cariño especial, casi radical. La papelería-panadería-locutorio de la esquina nos proveía de pan a cualquier hora y whisky barato hasta las once de la noche, la taberna cucarachera (os podéis imaginar de dónde le viene el nombre) nos servía para invitar a los amigos a "maritrinis" (si, maritrinis) a 1 euro y teníamos un cajero de la CAM a veinte metros para tirar de la cuenta de papá si hiciera falta. En definitiva, un paraíso estudiantil en toda regla. La vivienda, que nos alquiló un viejo bastante apestoso y mugriento, era premeditadamente ruinosa, tenía cuatro dormitorios, dos de ellos eran cajitas de cerillas, una sala de estar, cocina,baño y aseo (clausurado por hedor incontenible). En esos 85 metros construidos pasábamos nuestros ratos libres cuatro estudiantes, Agustín y Pablo que estudiaban derecho, Gregorio que estudiaba Informática y el que escribe, potencial economista de nombre Miguel Ángel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viernes fatídico, el día que comenzó nuestro fin, llegó como ya he dicho antes tras un jueves de locura.Creo que llegamos a nuestro piso a las seis de la mañana, no recuerdo bien. Solo recuerdo que nos preparamos unos espaguetis de sobre para bajar la borrachera, y que hablamos (mas bien discutimos) sobre fútbol y política. Caímos(por lo menos yo) redondos en nuestras camas como piedras ante la fuerza de la gravedad cuando el sol ya comenzaba a levantarse.&lt;br /&gt;Como siempre fui el primero en despertar tras un sueño poco reparador. Me puse un pantalón de chándal que supuse mío pues estaba en el suelo de mi cuarto y me encaminé hacia la puerta con los ojos preparados para el golpeo de la luz del día.La abrí. Mi cabeza parecía crujir por dentro, ahora es cuando me prometía no volver a excederme en la bebida y no dejar de salir de juerga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me aventuré entre el pegajoso suelo y los vasos de plástico a llegar a la cocina. La cabeza me seguía doliendo, el whisky barato del locutorio estaba produciendo su tradicional efecto secundario y en mi cerebro me seguía haciendo las mismas promesas de enmienda de siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez ja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis zapatillas habían desaparecido, por lo que iba descalzo rezando para no clavarme un cristal huérfano. Atravesé el comedor mirando de reojo la mesa repleta de botellas de whisky, ron, tequila, coca cola y fanta Hacendado, gruñí al pensar que teníamos que recogerlo todo antes de salir para nuestras casas en Lorca.&lt;br /&gt;La habitación de Agustín estaba al lado de la cocina y su puerta abierta ,así que supuse que había hecho un intento de levantarse, quizá había ido a por agua o algo así o quizá solamente se la dejó abierta en la madrugada, el caso es que me adentré en ella dispuesto a despertarle. Parecía que una luz negra alumbraba la habitación ya que la persiana estaba cerrada hasta abajo. Ni una gota de luminosidad se escapaba de ella. Agustín estaba acurrucado en la cama en postura fetal, parecía un niño pequeño, con la manta hasta el cuello respiraba tan lentamente que parecía en coma.&lt;br /&gt;- Qué lástima.- Dije en voz baja mientras cogía la manta.-¡¡Agustín, despierta que se te escapa el tren!!.- Grité con todas mis fuerzas mientras tiraba de la manta hacia abajo.-¡¡Despierta!!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta no me sorprendió: total indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Habéis intentado alguna vez despertar a un oso en hibernación? Yo no, pero seguro que es más fácil que despertar al capullo de mi compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de desgañitarme, tirarme encima de él, moverlo, hacerle cosquillas, etc.. el muy ... eso, solo acertó a decir con una voz de ultratumba y un aliento de más abajo todavía:&lt;br /&gt;- Miguel Ángel, eres un hijo de la gran, cuando me levante te voy a matar.&lt;br /&gt;- Agustín, venga coño, tenemos que empezar a recoger, paso de encontrarme la casa hecha una basura el domingo por la tarde cuando volvamos.-Dije conciliador.&lt;br /&gt;- Ahhh.-Dijo, con un aliento insoportable.- A lo peor me quedo este fin de semana ... y no pienso vivir entre basura.- Dijo mientras se incorporaba.- Voy a avisar a los otros.&lt;br /&gt;- Ok, yo voy a empezar a recoger basura.-dije.-¿Sabes si hay bolsas?&lt;br /&gt;No obtuve respuesta, o no me oyó o no me quiso oir. Solo alcancé a ver uno de sus pies descalzos escaparse por la rendija de su puerta entreabierta. Me encaminé resignado hacia la cocina  directo al ya tradicional "cajón de las bolsas". A lo lejos, el zumbido de mis oídos me dejó  escuchar los berridos de Agustín intentando aullentar el sueño de mis otros dos compañeros.&lt;br /&gt;A mi me gustaba llamar a la cocina la zona cero. Si, yo era partidario de la ortodoxia en todos los sentido, verdad, libertad y realidad: AdamSmithmaniaco hasta la sepultura. Y la realidad es que en la zona cero(la cocina)  se solía concentrar toda la basura, las bacterias, los gérmenes, la suciedad, la mugre, las bolsas de cubitos de hielo, los tenedores, cucharas y cuchillos sucios, los platos con espaguetis (o lo que toque) endurecidos, los trapos acartonados, las cucarachas, las hormigas, las moscas ... en definitiva, lo peor de un piso de estudiantes se podía encontrar en la cocina.&lt;br /&gt;Abrí el cajón de las bolsas y tiré de una de ellas con asco, era del Mercadona (qué lujo). Esta es buena, pensé, seguro que no tiene el fondo roto. Con un salto me planté en la galería. Allí teníamos un cubo con una otra bolsa. La basura parecía competir por llegar más alto. Apestaba. La agarré de las asas y pisé con mi pie todo lo fuerte que pude. Los desperdicios se aplastaron con un sonido viscoso. Cuando me decidí a cerrarla, algo dió un salto desde ella hasta el suelo. Me di un buen susto ya que en mi primer pensamiento apareció una cucaracha. Pero no, era algo más asqueroso todavía, era una pequeña bolita grisácea, sería de grande como una pelota de ping pong. Tenía forma ovoidal y un aspecto realmente repugnante. Me agaché con una mueca de asco para coger esa  "bolita" hecha de lo que parecía grasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acerqué mi mano todo lo que mi adversión fue capaz de aceptar. Pero cuál fue mi sorpresa que al intentar tocarla , la bola dio un salto alejándose unos centímetros de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El salto siguiente lo di yo, pero a dos metros. La bola de grasa parecía viva, se movía a intervalos regulares, como respirando. No me lo podía creer. Estaba frente a una especie de ser vivo asqueroso y repugnante ... o simplemente era una puta alucinación basada en efectos secundarios del whisky barato. Me quedé paralizado, agarrado a una mugrienta  y semioxidada silla de cocina conseguí mantenerme en pie durante unos segundos que me parecieron horas. Una mano en mi hombro me sacó de mi ensoñación. Era Pablo, mi primo, amigo y protector desde pequeño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres un cabrón chaval, ¿a quién se le ocurre enviar a mi dormitorio al capullín de Agustín?.- dijo apretando sus dedos en mi hombro.- Casi me da un infarto fachilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo era un izquierdista de pro, un idealista radical que a tenor de sus notas en derecho prometía un gran futuro. Gran parte de nuestro tiempo lo ocupábamos discutiendo sobre política y filosofía, la mayor parte de dichas discusiones acababan en "eres un facha de mierda" o "eres un comunista de mierda" dependiendo del que se cansara antes del otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pablo,...-dije tembloroso.&lt;br /&gt;- ¿Qué te pasa?.- Preguntó con un aliento demoníaco.- ¿Has visto un alien?.&lt;br /&gt;- Pues no se...- dije señalando a la bola de grasa que se movía a intervalos regulares, como respirando.&lt;br /&gt;- ¡Hostia puta!.- Exclamó mientras me abrazaba con sus dos brazos desde atrás.- ¿Qué coño es eso?&lt;br /&gt;- Pablo, no tengo ni idea, solo se que al intentar cerrar la bolsa de basura ha aparecido y cuando he ido a cogerlo ha dado un salto, parece que está vivo.-Dije intentando salir de su presa.-Coño, me estás asfixiando.&lt;br /&gt;- Pero,..., ¡joder, esto es culpa de Agustín, ya le dije que había que sacar la basura todos los días, que se nos comerían las cucarachas y otras mierdas!...y ahora, ¿qué hacemos?...- Dijo desesperado abriendo por fin los brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante este periodo de pánico Agustín y Gregorio habían hecho su aparición en el escenario del crimen mugriento. Sus caras, plomizas y cansadas, reflejaban una mezcla de asco, estupefacción y miedo que no puedo describir. Imaginaos, cuatro estudiantes veinteañeros, en la flor de la vida y con libertad casi absoluta, acojonados por una pequeña pero asquerosa bola de grasa que parecía viva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; - ¿Quién me ha echado la culpa de esa asquerosidad?.-Preguntó Agustín.- ¿A quién coño le tocaba sacar la basura ayer "Gregory"?.&lt;br /&gt;- Oye, a mi no me jodas que tengo un dolor de cabeza que me muero.- Respondió Gregorio.- No la bajé porque no tenía gana.Además nunca la bajamos los jueves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios Santo, pensé...tenemos una bola que parece de grasa, que parece viva, que se mueve y estos gilis preocupados por quién sacó la basura ayer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vamos a ver.- Dije dándome la vuelta.- No importa a quién se le olvido sacar la basura Agustín, lo realmente importante es pensar qué hacemos con éso.- Sentencié señalando a la bola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro volvimos a mirar a la bolita, casi parecía desvalida en el suelo de terrazo estilo años sesenta, entre vasos de plástico y manchas de cocacola con ginebra barata. Las palpitaciones de la bola se habían hecho más irregulares y se oscurecía poco a poco. Parecía estar apagándose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Venga coño!.- Dijo Agustín casi alarmado mientras se dirigía al armario de los tupperware.- Este fin de semana quiero compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agustín estudiaba derecho. Mas que inteligente era listo, atento, despierto, capaz de convencerte de casi cualquier cosa. Seguro que acabaría trabajando como comercial en una buena empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo os contaba, Agustín abrió el armario de los tupperware, sacó uno de los más pequeños y se encaminó hacia la bola. Con decisión temeraria lo puso encima para acto seguido deslizar la tapadera con sumo cuidado atrapando definitivamente a la bola. La acción fue tan rápida que no nos dio tiempo a protestar.&lt;br /&gt;La bola estaba atrapada y el problema resuelto, ya podíamos hacer el equipaje para volver a Lorca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Aguuuustín, hijo putaaaaa!, ¡¡ese tupper es mío coño!!.- Gritó, bueno, más bien berreó Gregorio.- ¡¡Saca ahora mismo esa mierda de mi tupper!!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gregorio era tan bruto en el exterior como noble en el interior, el problema era que la buena persona que escondía estaba en el fondo, pero muy en el fondo, yo diría que en una fosa abisal de su alma. Era un chaval independiente y arisco, pero a la vez solidario cuando la situación lo requería. Normalmente le perdían sus formas y las palabrotas e insultos solían adornar sus berridos.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 204, 204);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;- No te preocupes Grego, para el lunes tienes otro igualito a éste encima de tu cama. Mañana voy a la tienda todo a cien de la esquina y te lo compro.- Dijo Agustín con una sonrisa maliciosa.- Aunque si esta noche no vas a dormir te doy los 60 céntimos ahora mismo...cariño mío.&lt;br /&gt;- ¡Vete a la mierda Agustín!.- Gritó Gregorio mientras se daba la vuelta en dirección a su dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agustín miraba a la bolita de grasa a través del plástico traslúcido del tupper de Gregorio como un pequeño tesoro. La bolita parecía aliviada, su agitación anterior se había reducido y sus movimientos eran mucho más regulares y pausados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno capullines.- Dijo sin apartar la mirada de su nueva mascota.- La bola y yo nos quedamos este fin de semana así que, y sin que sirva de precedente, me encargo yo de recoger toda la basura que habéis dejado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo y yo nos miramos, sabíamos que Agustín no regalaba nada, seguro que dentro de unos días nos pediría algún favor o encargo...pero bueno, tal y como estaba la casa y dado que el autobús que nos llevaba a la estación pasaba en media hora decidimos tácitamente aceptar el ofrecimiento de Agustín.&lt;br /&gt;Después de vestirme apresuradamente y lavarme los dientes, amontoné mi ropa sucia y unos apuntes dentro de mi bolsa de deporte desgastada por el uso. Metí prisa a Pablo y nos despedimos de Agustín (Gregorio seguía dentro de su habitación sin decir nada) hasta el domingo por la tarde, encomendandole la misión de guardarnos sitio en el bareto de siempre para ver el partido del plus: otro favor que más adelante se cobraría.&lt;br /&gt;Nos encaminamos hacia el autobús número cinco que nos dejaría a cien metros de la estación de RENFE dónde tendríamos que correr para no perder el tren de las 13:45 hacia nuestro pueblo, Lorca.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 204, 204);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 204, 204);"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0); font-weight: bold;"&gt;-Domingo-&lt;br /&gt;Un buen fin de semana&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El Domingo, como siempre, llamé a Pablo para quedar en la estación y tomar el tren hacia Murcia de las 15:45 , de esa manera llegábamos a las 16:40,  justo para subirnos al autobús número 5 que nos dejaría casi en la puerta de nuestro "hogar" adoptivo. Una vez allí, aparcaríamos los macutos en nuestras respectivas habitaciones y nos encaminaríamos a la tasca cucarachera dónde Agustín nos habría reservado un par de sillas mugrientas para pasar una agradable tarde de fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más lejos de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo iba según lo previsto, el viaje anodino en un tren semivacío, la carrerita al autobús número 5, nuestra querida ciudad tomando una siesta, los macutos aparcados convenientemente y Agustín...¡que no había bajado a reservar mesa en la tasca cucarachera!.&lt;br /&gt;- ¡Agustín!.- gritamos casi al unísono mientras dejábamos nuestro equipaje.&lt;br /&gt;- ¡Coño Agus, seguro que no hay sitio, vete a la mierda!- Dijo decepcionado Pablo encaminándose  a la habitación de Agustín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya que no íbamos a encontrar ningún sitio dónde ver el fútbol, decidí aprovechar el tiempo y empecé a colocar mi ropa. "Por una vez"- pensé sonriendo- "voy a tener mi ropa en cajones como la gente normal y no en el macuto". Estaba peleándome con la ropa interior cuando oí un bramido de terror que provenía de la habitación de Agustín, era Pablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Miguel!¡Miguel!...¡ven ... ven aquí!¡correee!- Aulló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé mis calzoncillos y me dirigí lo más deprisa que pude siguiendo los gritos de Pablo. Otra semana con la ropa en el macuto. Me lo encontré de camino debajo de la entrada del dormitorio de Agustín. Apoyado en el marco de la puerta, estaba más pálido que de costumbre, con los ojos desencajados y con una mueca que no puedo describir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué pasa coño!-Dije mientras lo apartaba de la puerta.- ¿Qué ha pasado aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La visión que me encontré dentro de la habitación de Agustín difícilmente se me olvidaría, el hedor en el cuarto era insoportable y el flexo con bombilla azul especial para estudiar producía sombras tan negras como la propia oscuridad. La ropa de Agustín estaba sobre su silla de estudio, la cual se encontraba junto a una pequeña mesa camilla repleta de libros, apuntes, vasos llenos de colillas y envoltorios de bollos, donuts, magdalenas, etc... Agustín estaba en la cama, previsiblemente en calzoncillos y tapado hasta el cuello. Sus ojos apuntaban hacia el techo amarillo por la nicotina, aunque parecían mirar más allá de él. Su cara era simplemente cadavérica, los pómulos se habían convertido en montañas sobre los grandes valles que ahora eran sus mejillas, los labios se habían retraído dejando ver los dientes casi anaranjados de mi amigo y una barba de tres días adornaba este paisaje dantesco. A través de la fina sábana se podía adivinar un cuerpo casi esquelético, su morfología de futbolista aficionado se había reducido a una mezcla de pellejo y hueso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Nosotros nos habíamos adelantado unos pasos en dirección a la caricatura de Agustín. Parecía no respirar, pero, había que comprobarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pablo, parece que no respira.-Dije en voz baja, como si Agustín estuviera durmiendo-Tenemos que acercarnos para ver si está vivo.&lt;br /&gt;- ¿Cccrees que estáaaa muerto?.-Dijo en un titubeante susurro.&lt;br /&gt;- No lo se, solo se que estoy muerto de miedo.-Respondí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco, en silencio casi absoluto llegamos al lecho del esqueleto en que se había convertido Agus. Acerqué mi oreja con una mueca de asco a su boca, esperando sentir un tenue aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sentí nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pablo, creo que no respira.- Dije con un principio de sollozo.&lt;br /&gt;- No puede ser Miguel, no puede estar muerto. Déjame probar a mí.- Dijo mientras me apartaba de su camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo acercó su oreja a la parte izquierda del pecho de Agustín apoyándose con cierta presión para sentir mejor la vida en el cuerpo maltrecho de nuestro amigo. Sus ojos empezaron a ponerse húmedos. Pasados unos segundos se incorporó dejando que las lágrimas acumuladas resbalasen por sus mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Creo que está muerto.- Dijo mientras buscaba mi abrazo.-¡ Está muerto !&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grito de Pablo fue eclipsado por el aullido de Agustín. Una sacudida de terror nos atravesó fulminándonos al instante y haciendo que nos cayéramos al suelo. Agustín seguía en la cama, gritando como un condenado y agitándose como un pez fuera del agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡¡GRaasssss,, grassssssssssssss, graaaaaaaaaaaaas,,,,muerttttttteooooo morriiiirrrrrrrrrrrr, arrrcchhhhhh, dueeeeeeeleeee dejammmmmmmmeee dueeeeeeeeeeeeleeeeeeeeeeeeeeee!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apoyándome en Pablo conseguí levantarme para, lentamente, acercarme a Agustín. Había dejado de gritar, de su boca solo salía un horrible pitido mezclado con un hedor insoportable.&lt;br /&gt;"Por lo menos ahora parece respirar"- pensé.&lt;br /&gt;Pablo consiguió enderezarse para ponerse a mi lado.&lt;br /&gt;- Agustín, ¿qué te ha pasado?.- Preguntó.-¿Quién te ha hecho ésto?&lt;br /&gt;Agustín, miró a Pablo con unos ojos que, aunque inyectados en sangre e incrustados en las fosas que ahora parecían sus cuencas, daban miedo. Intentaba expresar terror, el terror más puro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pánico del momento nos había hecho sordos a nuestro alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de nosotros, y apoyado en el marco de la puerta, estaba Gregorio observando  la situación con un rostro blanco como la pared.&lt;br /&gt;Tan incrédulo como aterrorizado preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué es ésto?¿Qué le ha pasado a Agustín?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo y yo desviamos nuestra mirada de nuevo a Agustín sin responder a Gregorio. No había respuesta posible. Lo que había pasado en ese piso durante el fin de semana solo lo podían saber dos personas, una de ellas estaba tendida en su cama y la otra era el causante de su mal. Lo cierto es que no tenía porque ser una persona. Podía ser un virus. Una enfermedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una enfermedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pablo.-Susurré- Vamos un momento fuera de la habitación.&lt;br /&gt;- Pero Agustín se quedará solo.-Protestó.&lt;br /&gt;- Ahora volvemos, tengo que decirte una cosa en privado.- Respondí mientras lo agarraba del brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conseguí arrastrar a Pablo hasta dónde estaba Gregorio, el cual se había recluido en el salón de estar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Chicos, creo que Agustín ha pillado algún tipo de virus. No es normal que en apenas dos días haya perdido tanto peso y ahora no sea capaz de articular palabra. Seguro que estamos infectados. En mi opinión deberíamos llamar al 112.&lt;br /&gt;- Si.- Dijo Pablo.- A Agustín tiene que haberle atacado algún tipo de virus, no es posible que en solo dos días haya degenerado de esa manera.&lt;br /&gt;- Pero...acabaremos todos en cuarentena, ¿os lo podéis imaginar?- Dijo Gregorio.- Semanas y semanas recluidos en este piso, esperando nuestra muerte si es contagioso. Yo lo siento mucho por Agustín, pero yo mañana me largo en el primer tren. Entonces podréis llamar a quién queráis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gregorio se encaminó hacia la habitación de Agustín. Me imaginé que para pedirle perdón por su traición. Lo cierto es que en cierto sentido tenía cierta razón. No podíamos hipotecar nuestro futuro por lo que hubiera pillado Agustín, mañana lunes abandonaríamos el piso no sin antes avisar a los servicios de emergencias para que atendieran a nuestro amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pablo, me temo que Gregorio tiene razón.- dije solemnemente.- Creo que deberíamos abandonar el piso mañana lunes y avisar justo antes de la existencia de una persona enferma. Ten en cuenta que podíamos estar en cuarentena hasta más allá de los exámenes de junio. No nos lo podemos permitir, y Agustín ya está enfermo. No podemos hacer nada por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estoy de acuerdo contigo, quizá es la decisión más racional, pero verlo en ese estado me parte el alma.- Dijo con lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agustín y Pablo eran amigos desde la más tierna infancia, habían compartido todo tipo de situaciones y comprendía completamente el dilema de Pablo. Su amigo podía morir pero él también.&lt;br /&gt;Ya convenida la estrategia fuimos a la habitación de Agus para comprobar su situación. Nos cruzamos con Gregorio que llevaba su querido tupperware entre sus brazos como si fuera un bebé.&lt;br /&gt;Nos acercamos a Agustín, que ya no jadeaba, y le dimos sendos besos en su huesuda mejilla.&lt;br /&gt;"Besos de Judas".- Pensé mientras chasqueaba mis labios.-"Agustín, en pocas horas tendrás atención médica. Te lo prometo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;- Lunes -&lt;br /&gt;- El tupperware -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noche transcurrió lenta pero segura. Los minutos avanzaban en mi viejo reloj despertador fabricado en Taiwan. El silencio invadía nuestro otrora querido piso de estudiantes, solo el eco de la radio de Agustín (que habíamos dejado encendida) rompía la quietud que reinaba.&lt;br /&gt;Pronto se hizo de día. La verdad es que estaba deseando, no había pegado ojo en toda la noche, me había limitado a recostarme sobre mi cama esperando que se hiciera la hora de llamar al 112 y huir dejando a mi amigo tirado sobre su cama.&lt;br /&gt;Al vislumbrar a través de las rendijas de la persiana las primeras luces del día me incorporé sobre la cama. Me puse los zapatos y me encaminé hacia la puerta para descorrer el pestillo. Supuse que los demás seguían dormidos puesto que las puestas de sus habitaciones permanecían cerradas así que me dispuse a comprobar el estado de salud de Agustín. Habíamos dejado la puerta de su habitación abierta, la luz encendida y la radio que seguía hablando sola.&lt;br /&gt;Agustín seguía grave, su respiración era casi inexistente y su aspecto era cada vez más cadavérico. No se movía y sus ojos permanecían entrecerrados. Daba la impresión de estar más cerca del mundo de los muertos que de los vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Agustín.- Le dije mientras cogía su rígida y huesuda mano.-Tendrás asistencia médica enseguida. No te preocupes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con decisión me dirigí a los dormitorios de Pablo y Gregorio. "¿Cómo pueden dormir con Agustín en este estado?" . - Pensé.&lt;br /&gt;Primero abrí la habitación de Pablo.&lt;br /&gt;- Pablo, tenemos que irnos ya. Agustín no resistirá más tiempo.- Dije en voz alta dirigiéndome a una cama vacía.&lt;br /&gt;- De acuerdo.- Me contestó una voz desde el fondo de la habitación.- Espera que recoja mis cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di la vuelta y comprendí la situación. Pablo había permanecido, como yo, toda la noche en vela. Pero a diferencia de mi, él había estado estudiando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Coño, Pablo. ¿Cómo puedes estudiar en estos momentos?.- Pregunté.&lt;br /&gt;- Queda poco tiempo para los exámenes y primo, estudiando consigo olvidar esta horrible situación.- Me dijo con voz apesadumbrada.&lt;br /&gt;- Nada, nada...voy a despertar a Gregorio.- Dije recriminándome en mi interior por haberle hablado de esa manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En dos pasos estaba en la habitación de Gregorio que todavía estaba dormido. "A este si que no le importa nada".- Pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡ Gregorio!. Despierta que a Agustín le queda poco tiempo.- Dije gritando.&lt;br /&gt;- ¡¡Gregorio!!.- Volví a gritar aún más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi primo Pablo entró tras de mí al oirme gritar encendiendo la luz de la habitación de Gregorio. Ojalá no lo hubiera hecho. Gregorio se encontraba sentado en su silla junto a su escritorio. La luz del flexo estaba encendida y un murmullo parecía salir de su radio-despertador.&lt;br /&gt;La bolsa de deporte estaba abierta y ropa y comida permanecían dentro de ella.&lt;br /&gt;Un olor acre inundaba la habitación, era insoportable aunque conocido: así olía la habitación de Agustín. Nos acercamos a nuestro compañero y amigo abrazados como si fueramos uno solo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;- Gregorio,-dije con voz temblorosa mientras tocaba su hombro-, ¿estás bien?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En ese momento, Gregorio se dió la vuelta en una contorsión tan extraña como imposible. torciendo prácticamente todo su torso unos 180 grados y quedando su cabeza mirando de soslayo a nuestros pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pablo y yo nos quedamos inmóviles ante el espectáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bola de grasa, otrora mascota de Agustín, había crecido hasta tomar el tamaño de una pelota de futbol. Tenía  atrapada la  mano izquierda de Gregorio, cuyo brazo se movía a intervalos regulares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos ya no existían y la ropa colgaba de su cuerpo como en un perchero. Nuestro amigo estaba siendo consumido por una bola de grasa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 204, 204);"&gt;-Continuará-&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 204, 204);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1876723775274139624-8722427751593794874?l=codexliber.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://codexliber.blogspot.com/2008/03/viernes-la-bola-de-grasa-todo-empez-un.html</link><author>noreply@blogger.com (Moloboo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item></channel></rss>